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viernes, 8 de mayo de 2020

A la sombra de mi madre


Letra y música de Leo Dan


Todos tienen una madre
Ninguno como la mía
Que arde como lucecita
Haciéndome compañía

La vieran dentro mi rancho
Sencillita como es ella
Y sus ojitos se apagan
Como el fulgor de una estrella

Yo le pido a dios rezando
Que mi mamá no se muera
Que viva dentro mi rancho
Como estampita si quiera

Yo le pido a dios rezando
Que mi mamá no se muera
Que viva dentro mi rancho
Como estampita si quiera

Si alguna vez madrecita
Tú te me vas para el cielo
Llévame madre querida
No me dejes No me dejes
Yo te quiero

Pero su sombra me alcanza
Como bendición divina
Es el ángel de la guarda
De mi vida peregrina

Sombra del árbol plantado
En el patio solo hay un eco
Retoño fiel que traduce
La voluntad de mis ruegos

Yo le pido a dios rezando
Que mi mamá no se muera
Que viva dentro mi rancho
Como estampita si quiera

Yo le pido a dios rezando
Que mi mamá no se muera
Que viva dentro mi rancho
Como estampita si quiera




Leo Dan es el cantor de las mujeres. Ídolo nuevaolero de la balada del 60 y el 70. Sus canciones, que llevan nombres de mujeres, son suaves y tiernas; se destacan por la sencillez del estilo y la originalidad de los temas, que él les imprimió como letrista, inspirado en un afecto, un sentimiento, el reconocimiento de una amistad muy apreciada: Estelita, María Isabel, Mary, Raquel… El primer disco con dos composiciones suyas, Celia y Siento que te amo, fue el punto de partida hacia la fama, pues vendió miles de copias en España y América Latina. Siempre sencillo y de buen humor. Se radicó un tiempo en España y después en México. Grabó con mariachis el disco Mi última serenata con temas como Esa pared y Que Dios te aleje de mí.


El 23 de marzo de 2018 se publicó el último álbum del Leo Dan: “Celebrando a una leyenda”. ​Este álbum es un homenaje a la larga trayectoria musical del cantante. Leopoldo Dante Tévez (Leo Dan) es natural de Santiago del Estero, Argentina, nacido el 22 de marzo de 1942, sus melodías de amor continúan palpitantes.



viernes, 10 de abril de 2020

Grandes personalidades valoraron a sus maestros



Alejandro Magno quería más a su maestro Aristóteles que a su padre Filipo porque influyó en su formación de adolescente cuando le inculcó su filosofía política: “Grecia conquistará el mundo; pero para ello será necesario un rey gobernando como un Dios y por nadie gobernado, ni siquiera por la ley”. 


El huérfano Simón Bolívar consideraba a su maestro Simón Rodríguez como a un padre, porque el carácter firme y original de este pedagogo influyó mucho en la formación del futuro Libertador. Juró en el monte Aventino delante de su maestro por el Dios de sus padres, por la patria (…) que no daría descanso a su brazo ni reposo a su alma hasta romper las cadenas opresoras del poder español. 


Nuestro maestro, literato, editorialista del diario EL UNIVERSO, el primer ecuatoriano que presidió la Asamblea General de las Naciones Unidas, Leopoldo Benites Vinueza, apreciaba en grado sumo a su maestra de escuela, que practicaba un concepto de la educación, la señorita Martínez Mera; también, a sus maestros vicentinos que influyeron en él: doctor Pedro José Huerta, profesor de Historia, a quien consideraba un erudito, de espíritu socrático, que usaba la ironía; al sabio de valor universal, Francisco Campos Rivadeneyra, poeta de la naturaleza, entomólogo, que enseñaba Ciencias Naturales  en el museo que impulsó (hoy abandonado en una bodega de la Unidad Educativa Fiscal Vicente Rocafuerte); al doctor José Vicente Trujillo, profesor de Filosofía, despertador de inquietudes, un fermental, enormemente sugerente.



El boxeador argentino Carlos Monzón fue gloria de este deporte, pues defendió 14 veces con éxito la corona de los medianos, una hazaña, se retiró invicto; siendo famoso visitaba a su maestra de escuela, Margot Sarli, ella fue testigo de la pobreza del niño Carlitos. Llevaba el chico su caja de lustrabotas a clases para trabajar a la salida, vendió diarios y leche, repartió gaseosas en un carro tirado por un caballo. 


Leo Dan, gloria viviente de la generación nuevaolera del 60, compuso canciones que en su mayoría llevaban nombres de mujeres; a su maestra le escribió y cantó: “Pero Raquel, Raquel déjame salir…”.



Así se expresó el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, de su maestro Alfonso López Michelsen: “Lo conocí en la Universidad Nacional de Bogotá, en 1947, cuando él era el mejor profesor de Derecho Constitucional (…). Tenía una cultura literaria que ya quisiéramos muchos escritores, aunque solo fuera para los domingos (…). Por todo eso le tengo una admiración personal inmensa”.

Deducimos, entonces, que los buenos maestros deben influir en sus alumnos, aplicar conceptos modernos de la educación, ser eruditos, despertadores de inquietudes, guías, faros luminosos como los aquí recordamos en el gran día del maestro. 



“El chivo expiatorio”

  Decenas de veces he oído la expresión “El chivo expiatorio”, pero confieso que no me había percatado de cuál es su origen; pues bien, la...