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miércoles, 1 de julio de 2020

Las galladas de los barrios guayaquileños


Los muchachos de los barrios guayaquileños de antaño jugábamos fútbol en las ligas de novatos, participábamos en los torneos de box de los Guantes de oro, organizábamos campeonatos de indor fútbol, concurríamos a los estrenos cinematográficos, a los sonados bailes estudiantiles de los colegios fiscales; nos defendíamos de malcriados o delincuentes a trompón limpio, nada de cuchillos ni revólveres; las pandillas juveniles, los robos y las escopetas recortadas vinieron después.


En cada barrio había una gallada que paraba en la esquina, hacía respetar a las muchachas y sus familias, el territorio era sagrado e inmortal. Existían peleadores en orden del uno al diez, el número uno era quien sacaba la cara por los demás; era todo un arte aprender a defenderse; conocí barrios bravos como el de Alcedo y Santa Elena, Avenida del Ejército y Portete, el parque de La madre, Boyacá y Nueve de Octubre donde Elmo “Cura” Suárez se hacía respetar.
Hubo homosexuales confesos que aseguraban que para pelear eran muy machos, como el “Tuerto” Alfonso, alto y delgado, de Colón y Pío Montúfar, que cacheteaba con los pies y soñaba a los que se burlaban de él; fue el primer karateca de Guayaquil, que se adelantó a su tiempo.



Las muchachas no formaron galladas, como ahora las pandilleras juveniles, porque eran más tranquilas; los padres no las dejaban fácilmente salir de las casas; los enamorados las saludaban desde las esquinas o se acercaban a las ventanas para conversar; concurrían a los bailes estudiantiles acompañados de los hermanos; las menores de 18 años eran muy respetadas por sus enamorados, pues si tenían relaciones sexuales con ellas eran obligados a casarse o ir a la cárcel. Son recuerdos del tiempo viejo de Guayaquil.


lunes, 15 de junio de 2020

El muerto que aparece y desaparece



Algunos taxistas han contado que, pasadas las once de la noche, se les presenta un caballero muy bien vestido, de terno negro, cerca del Cementerio General de Guayaquil (Regentado por la Junta de Beneficencia de Guayaquil) para solicitarles una carrera; sin embargo, no lo aceptan porque es vox populi, entre ellos, que se trata del personaje de la clase alta, Emilio Estrada Estrada, expresidente de la República, que se decía que tenía “pacto con el diablo” y no lo deja en paz. Sale de la tumba para vagar entre las sombras de la noche.

El taxista Gustavo León refirió que despreocupadamente lo tomó como pasajero; pero al llegar a la dirección, que le indicó este caballero, desapareció misteriosamente sin cancelarle el valor de la carrera; se convirtió en otro estafado por el famoso muerto que aparece y desaparece en las noches de la ciudad de Guayaquil.

viernes, 20 de marzo de 2020

El patio de Pedrito



Era un rincón bohemio muy famoso que fundo un vaporino jubilado, Pedro Espinoza Martínez, en las calles guayaquileñas Gómez Rendón y Esmeraldas; una gorra de marino distinguía a este personaje en 1955.

Lucho Gálvez, actor

Para ingresar por primera vez a este rincón, los artistas debían ser bautizados por el actor cómico Lucho Gálvez, quien desempeñaba las veces de sacerdote; la ceremonia consistía en beber un vaso lleno, de un solo golpe, del fuerte licor de la época: Perla, que venía envasado en una botella de color verde, que el pueblo llamó “aguacate”, por la similitud en la forma con esta fruta.

El ambiente festivo lo alegraban dúos y tríos que ahí ofrecían pasillos, valses, boleros, tangos, baladas; a veces un experto acompañaba con un arpa a los solistas.

Concurrió ahí la gente de las clases media y alta para solicitar melodías y cantar; no se produjeron discusiones ni peleas, como en otros lugares de diversión.

Los artistas que visitaban Guayaquil por sus trabajos concurrían al Patio de Pedrito después de sus actuaciones.

Cierta vez llegó ahí Julio Jaramillo acompañado del trio peruano Los Embajadores Criollos, que dieron un concierto inolvidable de valses criollos, entre aplausos y vasos de cerveza y licor.

Poetas, cantores, intelectuales, actores, políticos, radiodifusores visitaron el rincón y dejaron sus nombres y firmas en un libro de visitas: Daniel Santos, Piero, Leo Marini, Celia Cruz, Alci Acosta, Carlos Rubira Infante, Pepe Jaramillo (cantantes), Carlos Julio Arosemena Monroy (político), Luis Peñaherrera Bermeo y Luis Burgos Flor (pintores), Julio Alemán (actor mexicano de la época de oro), Pedro Enrique Rivadeneira (poeta)…

Luis Burgos Flor, pintor

viernes, 6 de marzo de 2020

El Che Pérez, hincha #1 de Emelec, era puro corazón



Corría el año 1974. El machaleño Eduardo Che Pérez con la camiseta de Emelec, un cintillo y una corneta dirigía a los hinchas desde la tribuna baja. En la época que no había barras organizadas, él formó la de Emelec y pasó a la historia como el hincha #1; otros siguieron su ejemplo.

Como director de estos grupos de aficionados Emelec, flameaba banderas, saltaba, hacia retumbar un tambor. “y ya lo ve, y ya lo ve es el equipo de Emelec”, cantaba insistentemente la barra. Para luego seguir: “esto no es pagado es puro corazón”.

EL corazón del Che Pérez, reconocido por su fidelidad sin límites a Emelec, se apagó; pero su barra sigue encendida para alentar al Ballet Azul.



Los hinchas manifiestan que cada vez que Emelec marca un gol, oyen el sonido de la corneta y el retumbar del tambor, del hincha #1 del Emelec, que desde el cielo no se cansa de alentar.

sábado, 8 de febrero de 2020

Julio Jaramillo escribió el pasillo Elsa para su amor imposible

Mujer, que encierras virtudes 
en tu corazón tan santo,
entrégame tu cariño, 
quítame ese albor de llanto

que me tiene enferma el alma
y el corazón oprimido,
pues no dejes que yo muera
enfermo de nostalgia 
y sin tu cariño.


Ya he pensado en olvidarte,
sin embargo, no he podido,
no he querido recordarte
y presente te he tenido; 
estoy rogándole al cielo
que me acabe de una vez; 
antes, mirarme en tus ojos,
besarte los labios
y morir después. 
Creo que hasta después 
de muerto te amaría con ternura,
recordaría que, en la vida, 
mi amor por ti fue amargura;
entonces, vendré a buscarte,
a decirte con amor 
que ni la muerte ha podido 
borrar tu recuerdo 
de mi corazón.
Galo Ramírez, compañero del oficio de la zapatería de Julio, cuenta que muchas veces cuando trabajaron juntos, le pidió que lo acompañara a ver a una chica de quien estaba perdidamente enamorado. Se llamaba Elsa y vivía en las calles Argentina y Guaranda. Frente a la casa de ella había un quiosco, donde se plantaban hasta las nueve o diez de la noche, contemplando la casa nada más, porque Elsa se asomaba muy poco.
Cree el amigo de Julio que fue un amor imposible, es decir, no logró nada, como de otras muchachas, pero le sirvió de inspiración para escribir la letra y poner música al pasillo Elsa, en 1955.

miércoles, 5 de febrero de 2020

“En Guayaquil y en el Ecuador lo pasan mucho mejor los muertos que los vivos”



Al premio Nobel de Literatura, el chileno Pablo Neruda, que visitó Guayaquil en 1964, le agradaron pocas cosas de esta ciudad: los inmensos pájaros negros, de vuelo extraordinariamente pausado, que circunnavegaban constantemente el cielo de la bahía como tétrico paraguas bajo la impecable luz. También los campesinos que caminaban con rápidos pero agobiados pasos de bajo de los enormes racimos de bananos. “El Ecuador saca por Guayaquil su inmenso tesoro dulce y dorado”.



En este puerto bananero pudo ver pocas cosas, pero lo impresionó la muerte, es decir, el Cementerio General de Guayaquil, que describió como monumental, abundante de jardinería, bellísimo suntuoso. Y nos dejó como recuerdo y preocupación esta frase lapidaria: “En general, en Guayaquil y en el Ecuador lo pasan mucho mejor los muertos que los vivos”.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Eusebio presidente

Eusebio Macías Suárez en su bicicleta


El balzareño Eusebio del Carmen Macías Suárez hablaba en cualquier esquina de una calle de Guayaquil, decía que un contador como él, que sabía mucho de finanzas, era quien debía gobernarnos porque había llegado la época de los humildes, de no rendir culto a los patrones. Más de una vez, los delincuentes le robaron su bicicleta mientras daba sus fogosos discursos. El pueblo trigueño, como él lo llamaba, le daba el voto para protestar contra el sistema o contra los otros candidatos. 

Con sus ahorros fundó el partido Cruzada Reivindicadora Nacional (CRN). Logró que lo eligieran concejal de Guayaquil en 1958. Decía que había hecho siete obras. Siguió en la actividad política sin éxito; el mismo pintaba las aspiraciones de su partido “sicodélico y agnóstico unificado”. 

Cansado y más pobre aún se retiró de la política. En su bicicleta seguía recorriendo las calles de Guayaquil para vender a plazos cuadros artísticos. Cuando le preguntaban acerca de sus aspiraciones políticas, contestaba: “En Ecuador, se nace votando por el patrón y se muere votando por el patrón”. 

Inspirado poeta nos dejó la letra del pasillo Historia de amor, al que le puso música Carlos Rubira Infante e interpretó sentimentalmente Julio Jaramillo: “Olga se llamó la ingrata que en mi vida hallé; a ella con fe y locura fue a quien más amé; pero tan impío mío el destino mío que me la quitó; y ella despiadada, sin tener consuelo, no me dijo adiós”.

La chispa de este luchador de la política se apagó en una cama del Hospital Luis Vernaza, de Guayaquil, en diciembre de 1980. El ataúd llegó al cementerio rodeado de sus 16 hijos y unos cuantos amigos; seguramente está pidiendo en las alturas una esquina, y no un balcón como Velasco Ibarra, para convencer con su verbo fogoso a las mayorías trigueñas.

lunes, 16 de diciembre de 2019

León confesó sus miedos, a pesar de que “no se ahuevaba”



Cada cierto tiempo se pone de moda hablar de León Febres Cordero, expresidente de la República, 1984 - 1988, quien tenía fama de ser un bravo guayaquileño que “no se ahuevaba” ante nadie, como públicamente lo gritó, ni ante los cargadores de cacao del barrio donde vivía cerca de Las Peñas, ya que muchas veces de joven se trompeó con ellos y salió victorioso cuando defendió a sus hermanas de los amorosos acosos de aquellos fuertes y musculosos hombres.

La historia guarda el tesoro de la verdad: dos veces confesó a la prensa que sí tuvo miedo; la primera, cuando los médicos especialistas le diagnosticaron que era portador del cáncer, que según él era sinónimo de muerte, entonces enfatizó que el miedo es propio del ser humano y miente quien dice que nunca lo ha sentido; ante tal circunstancia dejó como herencia esta histórica frase: “El valor no consiste en no tener miedo, sino en sobreponerse a él”.

Aceptó también que sintió miedo en Taura, cuando fue secuestrado por militares, pero igualmente se sobrepuso y no se dejó matar estúpidamente ante el peligro, pues tres de sus hombres de la seguridad cayeron muertos víctimas de los comandos; afirmó que aunque se diga lo que se quiera, jamás se inclinó y mantuvo su posición de presidente de la República hasta el final, es decir terminó su periodo para el cual fue elegido en los tormentosos tiempo de inestabilidad política.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Alfredo Enderica era la memoria de Julio Jaramillo

Alfredo Enderica mostrando su colección


El arquitecto Alfredo Enderica Negrete llegó a ser la memoria del cantante Julio Jaramillo, J. J. Fue invitado a muchos conversatorios acerca de la trayectoria del Ruiseñor de América y además dio charlas gratuitamente donde lo solicitaban; concurrí a muchos de estos actos para escucharlo, aprender, tomar notas e intervenir en los diálogos; siempre estuvo dispuesto a ayudar a la prensa, se convirtió en personaje mediático.

Murió a los 67 años de edad en su querida ciudad de Guayaquil. Contó al público en una de sus tantas intervenciones que tenía nueve años de edad cuando por casualidad comenzó a coleccionar discos de J. J., pues su hermana recibió como regalo de su novio un disco elepé del sello mexicano Peerles, que contenía entre otras canciones el bolero Nuestro juramento que convirtió en ídolo continental a J. J. y como a la dama no le interesó lo obsequió a Alfredito; con el andar del tiempo coleccionó discos elepés, compactos y casetes que los buscó en el país y en el extranjero para lo cual invertía sus ahorros.

La última vez que lo vi fue en la Reunión Mundial de Coleccionistas Musicales de J. J. en Guayaquil, 30 de septiembre de 2017. Declaró que conservaba 4.101 grabaciones, la mayoría digitalizadas; también 300 discos de vinil y 440 compactos. Aspiraba a que J. J. apareciera algún día como un récord Guinnes; ojalá algún familiar continúe su gran labor.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Joaquín Gallegos Lara tenía una discapacidad, pero no impotencia sexual



Joaquín Gallegos Lara

Muchos ecuatorianos deducían que Joaquín Gallegos Lara (1909 – 1947), gran escritor de la década del 30, autor de la famosa novela Las cruces sobre el agua, publicada en 1946, por haber tenido inutilizadas las dos piernas era impotente sexual. Pero la esposa, Nela Martínez, desmintió las habladurías en una entrevista de enero 1955, que concedió a Rodrigo Villacís Molina.

Nela Martínez
Aclaró doña Nela que Joaquín era un hombre muy apasionado y que se querían mucho, sin embargo, el matrimonio se le dificultó porque el afamado escritor dependía demasiado de la madre, quien le asistía en las más íntimas necesidades.

Además, ella comenzó a luchar por su propia realización, pues, viajó a Quito a una concentración de izquierda y se quedó ahí trabajando.  No regresó a Guayaquil donde la esperaba el esposo, Joaquín.

Nela, como Joaquín, era comunista.  Dirigió la toma del palacio de gobierno cuando cayó Carlos Arroyo del Río. Fue la primera mujer que llegó al congreso, en 1945, como diputada.  Terminó de escribir la novela Los Guandos, que Joaquín había dejado inconclusa.

Joaco, como lo llamaban sus amigos a Gallegos Lara, luchó como militante comunista, como intelectual e incluso en choques callejeros y barricadas; laboró en diversos oficios, desde columnista en diferentes diarios hasta cargador en un camión que acarreaba cascajo, pues poseía una fuerza hercúlea en los brazos.  

viernes, 29 de noviembre de 2019

Las primeras locuras de Abdalá


Un hombre de pelo en pecho

Cuando Abdalá  ejerció el cargo de intendente de Policía en 1980,  mandaba a pespuntar las minifaldas que enseñaban mucho las piernas pecadores, se batía en gran batalla con los mayoristas de la carne, repartía puñetazos a los que iban en manifestaciones a protestar a la Intendencia, invadía el recinto de la Corte Superior de Justicia de Guayaquil y ni siquiera a las abogadas escapaban de su vocabulario pintoresco, que recordaba el de su tío Assad Bucaram Elmalhin…

Grabó un disco

Todo un hombre de pelo en pecho, pues se presentaba desafiante con camisas desabotonadas. Era un ciclón que parecía salirse de las pantallas de los canales de la televisión cuando lo entrevistaban. Convenció al pueblo de que él era su más ardiente defensor.

Fue destituido por 44 psiquiatras 

Y con este estilo político entre pugilístico y retórico llegó a la alcaldía de Guayaquil y luego a la presidencia de la República. Entonces se autodenominó: “El loco que ama”. Fue presidente del equipo de fútbol Barcelona S.C., grabó un disco, bailaba rock, comía guatita, permanecía la mayor parte del tiempo en Guayaquil porque no soportaba los fantasmas del palacio de gobierno… Y acusado de loco fue destituido ilegalmente por 44 diputados en el Congreso de 1997. Declaró que lo bajaron 44 “psiquiatras”.          

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El cuentero de Muisne vendió el reloj público






Con su locuacidad y poder de convencimiento engañó a quien le puso el ojo, gracias a lo cual llevó una vida de auténtico magnate. Cuando apenas contaba con 21 años de edad tuvo la audacia de hacerse pasar por el ingeniero Chimbolo Macoto para que funcionarios de la Dirección del Banano lo contrataran con un buen sueldo. 

Se hospedó en los mejores hoteles, vistió elegantemente y acostumbraba a comer en los restaurantes más caros. En cierta ocasión, vendió el reloj público del Malecón, con escrituras falsas, a un ingenuo extranjero. 

Impostor incorregible. Las mujeres no se escaparon de su labia.  Impresionó a una médica ecuatoriana con quien contrajo pomposas nupcias, pero ella -triste y desplumada- le planteó el divorcio una vez que se enteró de la verdadera identidad del Cuentero de Muisne. 

-“Yo no tengo la culpa de que me hayan creído”, manifestaba con burla. 
El esmeraldeño Sigifredo Dante Reyes Moreno apareció en la escena delictiva en los comienzos de la década del 70. 



Se fugaba de cualquier cárcel. En 1990 estuvo en la de Esmeraldas. De ahí pasó en 1992 a la cárcel Tomás Larrea de Portoviejo porque tenía cuentas pendientes con la justicia de esa ciudad. Se evadió con 29 reclusos en una acción de corte cinematográfico, tras cavar pacientemente un túnel de 15 metros. Muchos presidiarios lo respetaban mucho y lo apreciaban por ser buen compañero. 

 -“Ha llagado la hora de retirarme de la vida delictiva, una editorial me comprará mis memorias para publicarlas”, anunció en los medios de comunicación, pero volvió a delinquir y fue a parar al penal García Moreno de Quito. Fue su último encierro porque enfermó gravemente. 

-“Esta vez no me salvo”, predijo. Efectivamente, a la única que no pudo engañar fue a la muerte.

viernes, 22 de noviembre de 2019

La “come niño”


Antonia era una maestra universitaria muy versada, cumplida y severa. Los alumnos le temían. Estaba felizmente casada y era madre de dos hijas. Practicaba lo que predicaba. Como no hay nada seguro en la vida, con excepción de la muerte, su matrimonio terminó por decisión de su amado esposo. Tenía cuarenta años. 



En la cátedra universitaria, Antonia, se sintió atraída por un joven de veinte, blanco, de cabellos castaños, ojos claros, alto y delgado que la cortejó hasta llevarla a vivir en unión libre y procrear una hija. Sus alumnos, crueles como siempre, la apodaron la “come niño”. Diez años le duró esta alimentación. De 40 y 20 el amor no suele durar.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Cara seria… cuerpo pecador


Lastheny era toda virtud, se jactaba de ser feliz y haberse casado para toda la vida. Daba continuamente consejos a sus compañeros de trabajo acerca de la fidelidad en el matrimonio, a pesar de las limitaciones económicas. Se desempeñaba en dos empleos cuando su adorado esposo, Gilberto, bajito, trigueño, gordito, quedó desempleado. Ella, trigueña, alta y delgada, no era una bella que encantaba ni una fea que espantaba, corriente como dicen. Muchos compañeros la cortejaban; pero no cedía hasta que se cansó de su vago, diabético y feo marido y lo mandó a volar; se enamoró perdidamente de su jefe Rodolfo y no le importaba que murmuraran, pues el ofendido no se fue del hogar y todos los días concurría a la salida de la institución para esperarla pacientemente más de una hora.


Rodolfo era feliz dentro; Gilberto, afuera. Lastheny perdió su cara seria y disfrutaba de su cuerpo pecador; mientras sus frustrados admiradores le cantaban burlonamente al pasar: “¿Por qué te hizo el destino, pecadora?”.  

viernes, 15 de noviembre de 2019

Tarzán, el comemuertos


Un caballero comprobó cierto día que el costoso anillo con el que sepultó el padre estaba en venta en una joyería. Poco después, una señora se estremeció al encontrar colgado en una casa de compra y venta el vestido de novia que le puso a la hija para el velatorio y con el que la sepultó.

Las dos denuncias inquietaron al comandante de la Policía, Manuel Carbo Paredes, para montar guardia durante varias noches en el Cementerio General de Guayaquil… el comemuertos cayó. Se llamaba Víctor González Navarro, alias Tarzán. Reconoció que había imitado a algunos individuos que desde mucho tiempo profanaban tumbas. Confesó que aprendió de los panteoneros Benito Suárez y Manuel Santos Delgado. La prensa destacó el hecho el 25 de marzo de 1941.

El hermano menor de Tarzán era el encargado de escoger las bóvedas para abrirlas y robar. La madre era obligada a lavar y luego planchar la ropa de los muertos para que la conviviente, María Chonillo, las llevaba a empeñar o vender; formaron una empresa delictiva.

Tarzán acostumbraba vestir elegantemente, pues usaba los trajes de los muertos que le quedaran a la medida; en la casa escondía varios cráneos.

Entraba borracho al cementerio, imaginaba que los muertos le salían al paso para evitar que les robara. Declaró que los insultaba y ejecutaba movimientos amenazantes para que no lo molestaran.

Las personas que visitaban la vieja Cárcel Municipal de la calle Julián Coronel le pagaban un sucre a Tarzán para conocerlo; lo encontraban con su cara larga y su boca desdentada entre las rejas. 

La profanación de tumbas al estilo de Tarzán y su empresa continúa; cada cierto tiempo sucede en los barrios suburbanos y pueblos aledaños a las ciudades.


viernes, 8 de noviembre de 2019

El “paquetazo” alimenticio guayaquileño de los años sesentas


Los estudiantes de los colegios nocturnos guayaquileños de los años sesentas salíamos de clases a las 23h00 cansados (trabajabámos de día) y con hambre; caminábamos, pues los buses y colectivos iban repletos y no podíamos tomarlos.

Paquetazo alimenticio

Con mis compañeros del colegio particular Veinte de Abril, de los padres jesuitas, pasábamos por 10 de Agosto y Lorenzo de Garaycoa, esquina del mercado Central, al frente quedaba el resaturante El chamaquito, donde comprábamos el famoso “paquetazo”, una porción de arroz con jugo de seco de gallina o chivo o de guatita envuelto en un papel de despacho, sin cuchara, por un sucre para merendar parados.

Nos encontrábamos con vendedores ambulantes, noctámbulos, alumnos de los colegios César Borja Lavayen y Andrés Mateus; también el quiosco El colorado (así apodaban al propietario) en la esquina de las calles Quito y Ayacucho  vendía “paquetazos”.

Siempre en grupos nos defendíamos de los malhechores que pretendían robarnos hasta los libros. No nos dejamos vencer por las circunstancias; así venciendo muchas dificultades nos graduamos de bachilleres para luego alcanzar el título universitario.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Abraham Litardo Salamea no posee las piernas, pero camina y trabaja


Abraham Litardo Salamea

Caminando por las calles guayaquileñas en la esquina de 10 de Agosto y Boyacá ayudé con mi esposa a cruzar a un vendedor de caramelos de 69 años, que no posee las  piernas; pero camina porque en las rodillas se coloca esponjas para aguantar el dolor y dos pedazos de caucho, se ayuda además con dos pequeñas muletas; mientras le daba una moneda, se acercó un joven drogadicto a pedirme dinero para un almuerzo, Abraham Litardo Salamea, así se llama el hombre con discapacidad, le dice que se convierta en vendedor y no pida.

Litardo es una víctima más de la terrible diabetes, hace 18 meses perdió las piernas a pesar de la lucha contra la enfermedad; siempre trabajó, sin embargo, del último empleo lo botaron cuando no pudo andar normalmente. Debe trabajar porque su esposa está en cama por causa de la osteoporosis, la hija mayor que lo acompaña es desempleada y los demás hijos ni siquiera lo visitan. 

Todo este cuadro de dolor debe conmover al Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), que le ha manifestado que debe esperar con paciencia. Ojalá la espera no sea larga porque este hombre quiere seguir viviendo, movilizarse con dos prótesis y recibir el bono que le corresponde. Todos podemos ayudar enviando nuestra colaboración a Vergeles, manzana 77-A. Hoy por ti, mañana por mí.

“El chivo expiatorio”

  Decenas de veces he oído la expresión “El chivo expiatorio”, pero confieso que no me había percatado de cuál es su origen; pues bien, la...