Mi nombre es César Burgos Flor. Este es un espacio de opinión acerca de política, literatura, historia, educación, deporte, con el objetivo de compartir mis experiencias periodísticas con ustedes, que de hoy en adelante los llamaré mis interamigos.
"La escritura es un mecanismo para desfogar y escribir cosas bellas", Mónica Varea.
Julio Jaramillo
era autor, compositor e intérprete. Cuando estuvo en México en 1964 le puso
letra, música y voz al porro ¡Ay, mexicanita!, en homenaje a la mujer azteca;
vendió dos millones de copias. Su popularidad creció enormemente en ese país. Fue
el cantor sudamericano que más éxito tuvo en México. Pedro Vargas y Raúl Velasco
lo presentaron en sus famosos programas.
¡Ay, mexicanita!
Cuando no tengo ya
nada que hacer,
me paro en una esquina mirando por doquier,
mirando como pasan las chiquillas bonitas luciendo su figura derrochando parle,
mirando como pasan las chiquillas bonitas luciendo su figura derrochando parle.
Apresuradita muy bien
vestidita
van pasando por la calle diciendo: bonito pos que le pasa a usted.
Apresuradita muy bien vestidita
van pasando por la calle diciendo: bonito pos que le pasa a usted.
Chaparras lindas se miran por doquier,
güeras, morenas que son ricas también.
Que tienen sabrosura y no saben de traición.
Que entregan sus amores con alma y corazón.
Que tienen sabrosura y no saben de traición.
Que entregan sus amores con alma y corazón.
Apresuradita, muy
bien vestidita
van pasando por la calle diciendo: bonito pos que le pasa a usted.
Apresuradita, muy bien vestidita
van pasando por la calle diciendo: bonito pos que le pasa a usted.
Los personajes excéntricos, es
decir raros y extravagantes han llamado la atención en América como el general
Antonio López de Santa Ana, dictador mexicano que hizo enterrar la pierna
derecha, con una gran fiesta, en los jardines de su finca, pues la había
perdido en la Guerra de los pasteles contra los franceses en 1841; victorioso
se convirtió en héroe.
La pierna fue desenterrada y
llevada a la capital mexicana para el nuevo entierro, con toda solemnidad, en
la Catedral. ¡Viva la pierna de Santa Ana!, gritaron sus seguidores. Pero en
1844, una revuelta lo sacó del palacio de Gobierno. El populacho desenterró la
pierna de la Catedral y la arrastró por las calles gritando: ¡Abajo la pierna
de Santa Ana! Él huyó a las montañas y luego se refugió en Cuba.