Mi nombre es César Burgos Flor. Este es un espacio de opinión acerca de política, literatura, historia, educación, deporte, con el objetivo de compartir mis experiencias periodísticas con ustedes, que de hoy en adelante los llamaré mis interamigos.
"La escritura es un mecanismo para desfogar y escribir cosas bellas", Mónica Varea.
Algunos taxistas han contado que,
pasadas las once de la noche, se les presenta un caballero muy bien vestido, de
terno negro, cerca del Cementerio General de Guayaquil (Regentado por la Junta
de Beneficencia de Guayaquil) para solicitarles una carrera; sin embargo, no lo
aceptan porque es vox populi, entre ellos, que se trata del personaje de la
clase alta, Emilio Estrada Estrada, expresidente de la República, que se decía que
tenía “pacto con el diablo” y no lo deja en paz. Sale de la tumba para vagar
entre las sombras de la noche.
El taxista Gustavo León refirió
que despreocupadamente lo tomó como pasajero; pero al llegar a la dirección,
que le indicó este caballero, desapareció misteriosamente sin cancelarle el
valor de la carrera; se convirtió en otro estafado por el famoso muerto que
aparece y desaparece en las noches de la ciudad de Guayaquil.
García Moreno era el mandatario
de hierro, enderezador de todo lo que andaba chueco en la República del
Ecuador; amaba a los curas honrados, pero detestaba a los deshonesto que desprestigiaban
la religión católica. Emprendía viajes breves, montado en su caballo, y
acompañado de su fiel edecán de apellido Pallares para visitar pueblos en los
que había denuncias por el relajamiento moral de los sacerdotes. Pasaba
inadvertido como cualquier ciudadano, disfrazado de comerciante en busca de
negocios; nadie lo reconocía.
Dormía en el pueblecito de
Sicalpa, en cierta ocasión, cuando una gran farra interrumpió su sueño. Decidió
asistir a la fiesta. Sin inmutarse, observó que un sujeto alto, gordo, de doble
papada bailaba como trompo, con señoras y señoritas incansablemente; tomaba
trago, reía, abrazaba y besaba a las damas. Se indignó el mandatario cuando se
enteró de que se trataba del cura de Sicalpa… ¡Pobrecito!
Poco después, las campanas de la
iglesia llaman a misa. El cura farrista abandona la fiesta a la seis de la
mañana para celebrar la santa misa, en estado de embriaguez… De repente aparece
la figura imponente del presidente para cerrarle el paso y decirle al fraile
que no podía dar misa. ¿Tú quién eres para impedírmelo? Vociferó el corrupto,
pero se le quitó la borrachera al oír la respuesta: Gabriel García Moreno. El
miedo lo enmudeció y palideció, se tambaleó y cayó pesadamente al suelo… murió
de la impresión.
García Moreno era simplemente
enemigo de la corrupción venga de donde viniere; puso en orden a los sacerdotes
de costumbres licenciosas.
Ese hombre que tú ves
ahí
que parece tan galante
tan atento y arrogante
lo conozco como a mí
Ese hombre que tú vas
ahí
que aparenta ser divino
tan afable y efusivo
solo sabe hacer sufrir.
Es un gran necio,
un estúpido engreído,
egoísta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón.
Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de sí mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor.
Ese hombre que tú ves
ahí
que parece tan amable,
dadivoso y agradable
lo conozco como a mí.
Ese hombre que tú ves
ahí
que parece tan seguro
de pisar bien por el mundo
solo sabe hacer sufrir.
Es un gran necio,
un estúpido engreído,
egoísta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón.
Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de sí mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor.
Es un gran necio,
un estúpido engreído,
egoísta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón.
Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de sí mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor.
Manuel Alejandro
Muchos epítetos de mujeres dolidas para los hombres
ofensores. Fue escrita y compuesta exclusivamente por el español Manuel
Alejandro para que la cantara Rocío Jurado. Algunas canciones para mujeres han
sido escritas por hombres: “No me preguntes por él”, de Sergio Andrade para que
la cantara Cristal; “La gata bajo la lluvia”, de Rafael Pérez Batija para la
voz de Rocío Dúrcal.
Los pueblos de la costa
ecuatoriana son muy católicos y como tales creen que el Diablo o el “patica”,
como suelen llamarlo, dominan al mundo. Cuando un hacendado progresa y se convierte
en rico dicen que tiene “pacto con el Diablo”. Siempre hablan del Diablo: que
pena en ciertos lugares, que se llevó a una bella montuvia, que Fulana está poseída
por el Diablo.
Existió en Naranjal un rápido pistolero
José Alvarado, apodado Tom Mix, que donde ponía el ojo ponía la bala. Cierto
día se le apareció un grupo de tres policías para capturarlo, pero los despachó
al otro mundo en tres minutos, con su revólver Colt 45. Como un gran gallo
decía: “Traigo mi 45 para cantar donde quiera”. Y también era rápido para
desaparecer de la escena del crimen montado en su caballo Chupaflor y su fiel
perro negro. Según los naranjaleños tenía “pacto con el Diablo”, por esta razón
no lo capturaban.
Era hijo de un millonario, quién
lo envió a México para que estudiara, pero se perfeccionó en el manejo de armas
de fuego, que amó desde muchacho para cazar animales del monte. Después de
haber matado a algunos fue perseguido por un grupo de policías rurales tan
rápidos con las armas, como este famoso bandido criollo.
Se escondió en un suburbio
guayaquileños, pero hasta ahí llegaron los policías por la denuncia de algún “sapo”,
que nunca falta. Cuando salía de abajo del piso donde estaba escondido en una
modesta casa, lo acribillaron los rurales sin darle tiempo a que sacara sus
armas; se le durmió el Diablo que lo protegía, Tom Mix tenía que entregarle su
alma al Diablo según el pacto.
La
extraordinaria concertista de piano y compositora mexicana, Consuelo Velázquez
(1920-2005), aceptó la demanda de divorcio que le planteó su esposo Mariano
Rivera Conde, pero se despidió de él de la forma más elegante: con la
dedicatoria de la letra y música del bolero “Que seas feliz”.
Cuando se habla de Jack “El
destripador”, pensamos en la mítica imagen creada por los maestros de la novela
negra y del cine de horror: un fantasmagórico personaje vestido con una negra
capa y una gorra, quien suele llevar un maletín de médico y se mueve
silenciosamente entre la bruma de la noche londinense.
Era un misterioso y cruel asesino
que atacaba a las prostitutas. Se supo que asesinó a cinco mujeres, pero
algunos investigadores consideraron que fueron once. El miedo comenzó en la
madrugada del 7 de agosto de 1888, cuando un transeúnte encontró en la calle el
cuerpo de la prostituta Martha Turner con varias puñaladas.
Otros homicidios fueron atribuidos
a este hombre que estaba poseído por una obsesión mutiladora. En sus cartas que
enviaba a los medios de comunicación, se regocijaba autocalificándose como Jack
“El destripador”. Desapareció misteriosamente después de actuar tres meses,
para convertirse hasta hoy en leyenda, el misterio más famoso de Inglaterra.
Se supo que tenía ciertos
conocimientos de medicina y era zurdo, según investigaciones policiales. Alto,
delgado y de bigote negro; ya que, entre otros, un policía vio a un hombre con
estas características escapándose cerca de los sitios de los crímenes. Llevaba
gorra, un abrigo largo y un maletín para esconder sus mortales instrumentos. Es
un caso no resuelto que consta en los archivos de Scotland Yard.
Pocos delincuentes lograron tanta
fama internacional, carisma, admiración como Caryl Chessman, “El bandido de la
linterna roja”, motejado así porque en la oscuridad nocturna alumbraba a sus víctimas;
procesado y condenado a la pena de muerte por robo, violación y perversión
sexual.
La sentencia contra Chessman fue
repudiada en todo el mundo porque sus admiradores lo consideraban inocente.
¿Qué secreto poseyó este hombre para ser tan querido y defendido? Durante doce años
permaneció en la prisión de San Quintín (California). Su sentencia fue aplazada
y renovada en ocho veces consecutivas. En este tiempo escribió tres libros y
una novela y dejó un testamento para la posteridad. En una larguísima carta que
dirigió al gobernador de California, ofreció con gusto su vida, si de esta
manera contribuía a que se anulara en el futuro la pena de muerte en ese
Estado. También manifestó: “Se me pide una confesión y no la tengo. En mi vida
he cometido muchos delitos, pero ninguno de los que se me acusa y por los
cuales vais a quitarme la vida”. “La justicia se habrá vengado: ¿Qué beneficio
obtendrá el mundo?”.
Fue ajusticiado el 2 de mayo de
1960 en la cámara de gas de la prisión de San Quintín. Para los jueces rigió
más el cerebro que el corazón. En el Ecuador se formaron grupos de
intelectuales para protestar contra la sentencia. El dramaturgo Hugo Vernel
(José Guerra Castillo) cumplió su promesa de dejar de crear obras, si
ajusticiaban a Chessman. Muchos ciudadanos bautizaron a sus hijos con el nombre
de Caryl. Una película estadounidense contó su vida.